"Si al franquear una montaña en la dirección de una estrella, el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada, se arriesga a olvidar cual es la estrella que lo guía." Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944) Escritor francés.
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jueves, 3 de junio de 2010

Reflexión: Acerca de la situación ambiental en Boyacá

Una mirada desde la sociedad civil.

Foto tomada del documento GBO3, p.41: Algunas estimaciones del valor de la biodiversidad terrestre.

La mejor reflexión inicial que puedo imaginar es, que necesitamos reconocer nuestra ignorancia ecológica (en conocimientos, práctica, y valoración), y con ello es preciso aprender mucho, para lograr la necesaria sensibilidad en torno al medio ambiente. Un buen inicio, bastante actualizado, sería estudiar detenidamente la Perspectiva Mundial sobre la Biodiversidad 3 (GBO3, por sus siglas en inglés), emitida por el Convenio sobre la Diversidad Biológica de la ONU hace apenas unas semanas, de fácil consulta en internet: www.cbd.int/GBO3 (versión en español -click aquí-). Y lo sugiero así, pues allí se reúnen criterios mundiales expertos del más alto nivel, en torno a la biodiversidad, y ante eso es sano reconocer nuestras limitaciones de opinión.

Sin embargo, me atrevo a un humilde aporte personal, relativo a mis impresiones y sentimientos más inmediatos asociados a nuestro terruño.

Nuestra región (llámese vereda, municipio, provincia o departamento) no es más que un componente geográfico de los ecosistemas que nos circundan, y estos no tienen frontera. Lo bueno o lo malo, poco o mucho, que le hagamos a nuestro medio, al sistema ecológico en que vivimos, repercutirá bien o mal en otro punto, y lo seguirá en cadena, sin miramientos de límites territoriales, y de algún modo su efecto nos retornará, como un bumerán. Por ello, nos engañamos bobamente si pensamos que nuestras acciones individuales no cuentan, o que son poco frente al medio. Todo cuenta, pues el ecosistema y su biodiversidad son un ente vital, palpitante, y nosotros somos parte de él, no sus dueños. Es como si el planeta entero fuera un cuerpo viviente, -imaginémoslo de forma humana para entendernos-, y alguien pensara que un minúsculo mugre en el ojo no afecta ni hace daño, por minúsculo, o que un pinchazo de aguja no duele, por pequeño; o que, de igual modo, una beso cariñoso no agrada, por efímero. Todo cuenta, y todo es importante, no importa su tamaño, lo malo y lo bueno.

Hay personas que desprecian el valor de un árbol, y no tienen inconveniente alguno en talarlo ‘porque estorba’, pero ignoran que puede generar en un año el oxígeno necesario para 4 personas, o que su respiración es contraria a la nuestra y de allí su importancia frente a los gases de efecto invernadero: Inhalan CO2, y exhalan oxígeno, guardando el carbono en sus fibras.

De todas las especies sobre la tierra, me atrevo a pensar que la humana es la más ignorante –tal vez la única ignorante- en temas ecológicos, y en Boyacá lo somos bastante. En un ecosistema biodiverso, todo funciona bien, armónicamente, hasta que aparece el hombre y con su capacidad mental lo interviene, lo modifica, lo daña, para concluir después de múltiples investigaciones, que toda su intervención fue un error: Lo correcto es entender que somos una especie más, que compartimos el planeta con miles de otras especies, y que nuestros derechos sobre el ecosistema terminan justo donde inicia el derecho ajeno, milímetro a milímetro, segundo a segundo. Las demás especies lo entienden, la nuestra no. La biodiversidad nativa vibra en tonalidades armónicas, todo luce correcto, exacto, estable; llega el hombre y añade notas discordantes, extrañas, y rompe esa armonía, atraviesa ruidos donde suenan bellas melodías, y se aleja de la posibilidad de sintonizar con el palpitar nativo.

No significa que el medio sea intocable: No. El medio está para proveer nuestras necesidades, del mismo modo que las demás especies se surten de él; nuestro error está en el abuso, en la inmoderación, el desenfreno, en las excesivas intervenciones y modificaciones que hacemos del mismo, en el irrespeto con que lo tratamos… nuestro error es la ignorancia, y la negación de reconocerlo.

Sin duda es más fácil hacer el mal que el bien…, es más fácil deshacerse del papel de un dulce tirándolo rápido a la calle, que cargarlo hasta encontrar un sitio para disponerlo adecuadamente, y hacerlo sin error (reciclaje); o más cómodo movilizarnos en vehículo dentro de la ciudad cómodamente sentados, que hacerlo de a pie, o en bicicleta; o es más práctico cementar el antejardín, que andar podando y cuidando el césped y las plantas del mismo; y por ello somos de tendencia ecológica malsana, dañina, destructiva, muchas veces sin saberlo (ignorancia), por el facilismo y la pereza en nuestro diario vivir. Es un problema educativo y sociológico, de actitud individual y colectiva asociadas al intrincado medio social en que vivimos.

Es mucho lo que necesitamos aprender, no tengo duda que el mayor reto para cambiar positivamente en torno a temas ecológicos es la educación y la práctica ambiental, sin importar la edad ni condición social o económica, aplicando lo aprendido cada día, en cada lugar, cada segundo de nuestras vidas, en la casa, en la calle, en el trabajo. ¡Todos a estudiar y a aplicar con respeto lo estudiado es la consigna!, porque estudiar no basta (como sembrar un árbol no es suficiente), es preciso la praxis de lo aprendido (asegurarse que el árbol prospere), y la valoración de lo hecho (no talar el árbol, ni permitir que otro lo haga).

Nuestro medio:
Veamos el LAGO DE TOTA y su entorno, por citar un ejemplo. ¿Cómo era en términos ecológicos hace 70, hace 200 ó 500 años?, no lo puedo testimoniar, pero es fácil intuirlo, por algunas lecturas y por sentido común: Pleno de biodiversidad, fauna y flora diversas, comunidades humanas pequeñas dando aprovechamiento prudente de sus recursos, todo marchaba bien, en armonía. ¿Qué pasó en 1 ó 2 generaciones?: Aumento y concentración poblacional, deforestación para monocultivos, reemplazo de lo nativo por industria forestal introducida y extractiva, acceso a la modernidad en todas sus manifestaciones (maquinarias), iniciativas piscícolas importadas (trucha –depredadora-), caza y pesca indiscriminadas, permisos varios de grandes cultivos (agrícolas, pecuarios), aprovechamientos hídricos desmedidos para la agricultura y la industria. Llega el hombre y todo lo cambia, lo daña; creyendo que prospera, realmente avanza hacia un abismo.

Y el ejemplo aplica invariablemente con todas las manifestaciones de nuestro ecosistema… el agua en todas sus posibilidades (superficiales, subterráneas), el suelo, el aire, la fauna y la flora. Otro hecho: ¿Cuántos y desde hace cuántos años hemos visto --y respirado-- pasiva e indolentemente el aire industrial turbio que cubre a Sogamoso?: ¡es vergonzoso, impresentable, indigno!, es muestra de nuestra pobreza moral, del desequilibrio de valores (importa más una industria y el empleo, que el medio mismo en que vivimos; preferimos el dinero, que la salud). Y Boyacá no es distinta del resto del planeta: Cambiará el idioma o el grado de la problemática y el tipo de ecosistemas asociados (poco más o poco menos que en otros rincones del mundo), pero existe de forma parecida sin que seamos la excepción. Y todos pecamos, en mayor o menor grado, por lo que hacemos o dejamos de hacer respecto a los daños ambientales; insisto, con un común denominador: La ignorancia.

Soluciones:
Si bien en Boyacá vamos mal en mayoría (la sociedad civil indolente e ignorante frente a temas ecológicos, y las entidades de control del Estado administrando ignorancia y burocracia con logros de gestión microscópicos), veo en principio 2 cosas por rescatar:

1. Existe una minoría civil y de funcionarios públicos, preparada y educada, actuando positivamente.

2. El campo de acción es enorme, y el mundo está orientando energías y recursos para incentivar la protección ambiental, por tanto dentro de éste tema están las posibilidades económicas y laborales del futuro.

Sin embargo, por encima de cualquier miramiento económico, debe predominar la simple pero fundamental 'convicción de conciencia' que necesitamos actuar positivamente frente al medio ambiente, pues de ello depende nada menos que nuestra propia subsistencia.

Señalo algunas acciones, nada exhaustivo y sin orden particular, que todos en mayor o menor medida podemos emprender, desde lo privado, y también lo público en cuanto a políticas de gobierno local (alcaldías, gobernación, entidades de control ambiental):

1. Estudiar –y fomentar el estudio- acerca de la ecología y la biodiversidad, interesarnos en comprender mejor el funcionamiento de nuestros ecosistemas y medio ambiente, que el conocimiento nos dará sensibilidad y valoración. Podemos comenzar por el GBO3 antes mencionado. Debe existir una cátedra ambiental básica pero completa en todas las instituciones educativas del departamento.

2. Denunciar –y/o atender con prioridad las denuncias- ante las autoridades de control, todo atropello contra nuestro medio ambiente que podamos testimoniar o probar. Hacerlo demanda tiempo y dedicación, pero es fundamental hacerlo, porque nadie más lo hará por nosotros: O lo hacemos, o el daño triunfa.

3. Reverdecer y reforestar nuestros pueblos y ciudades, pero me refiero a hacerlo de verdad. Miles e incluso millones de árboles pueden sembrarse en Boyacá, con un poco de iniciativa privada, gestión política y sobre todo determinación. No esperar que ‘alguien’ inicie, seamos ya ese ‘alguien’. Unámonos, en familia, no esperemos a unir miles de manos al tiempo para empezar, iniciemos ya con nuestras parejas e hijos, muchas alcaldías tienen viveros y apoyan obsequiando los árboles, pidamos y ¡manos a la tierra!. Mostremos al mundo que Boyacá es sinónimo de potencia ambiental.

4. Pedir –o gestionar- políticas de incentivos locales a los servicios ambientales que proveen las acciones positivas a nuestro medio, desde el simple pero valioso reconocimiento público a quien bien actúa, hasta premios económicos a quienes más emprenden. Todo cuenta.

5. Organización y cohesión de la sociedad civil, a través de entidades tipo ONG ambientalistas, con personería jurídica y representatividad, que reúnan los intereses individuales dispersos, y el conocimiento profesional especializado. Estas entidades son el puente necesario entre el colectivo civil, y el Estado. Y aprendamos a lograr que dichas entidades sean solventes y fuertes, que sea realmente digno pertenecer a ellas. Se puede.

6. Proliferación ordenada y controlada de reservas naturales, de orden municipal y departamental, pero también privado. En lo privado existe la figura de las Reservas Naturales de la Sociedad Civil (RNSC) que coordina Parques Naturales Nacionales del Ministerio de Ambiente (reguladas por Decreto 1996 de 1999), cuyas declaratorias implican derechos y deberes interesantes, muy en sintonía con las necesidades de protección y mejoramiento ambiental de nuestro planeta.

7. Caminar nuestra tierra, sentirla, escucharla, abrazar un árbol en el camino. Es preciso desarrollar amor por nuestros ecosistemas, solo amando se podrá respetar.

Lo que puedo mostrar:
Quien escribe esta reflexión, en compañía familiar, hemos adelantado algunas acciones que nos permiten mostrar coherencia entre lo escrito y lo actuado, entre otras cito: (i) Trámite de una Reserva Natural de la Sociedad Civil (RNSC) en Sogamoso –la primera de su tipo en este municipio- en la cual se han sembrado ya cerca de 3,000 árboles nativos y se planea sembrar 5,000 adicionales en corto plazo; (ii) denuncia ecológica del daño contaminante orgánico producto de la actividad truchícola en jaulones del Lago de Tota, (iii) en proceso de creación de una ESAL –entidad sin ánimo de lucro- con fines ambientales en pro del monte andino, (iv) gestiones de protección a cerca de 400 Ha de terrenos de alta importancia ecológica por su riqueza nativa en flora y fauna, en Santander, (v) gestiones ante el Concejo Municipal de Sogamoso para la adopción de una política municipal que permita la creación de estímulos económicos a los servicios ambientales, (vi) participación en el programa mundial de la ONU Plantemos para el Planeta, con aporte de la reforestación emprendida en Sogamoso; (vii) iniciativa y participación en una reforestación parcial al establecimiento educativo Acuarela Campestre en Sogamoso, en compañía de niños y padres de familia; (viii) fomento del senderismo local con huéspedes extranjeros y nacionales; (ix) denuncia del uso indebido e incontrolado de aguas subterráneas de un conjunto residencial en Duitama; y (x) movilización urbana frecuente en bicicleta como medio de transporte voluntario, durante más de 10 años, por convicción del beneficio ambiental de no usar el vehículo, y los beneficios a la salud con ese pequeño ejercicio semanal.

Es poco frente a tantas acciones por hacer. Pero todo vale, todo cuenta, y todos debiéramos actuar eco-positivamente, en algo. El tema requiere, simplemente, voluntad.

Atentamente,

Felipe Andrés Velasco Sáenz
Sogamoso, 02 de junio de 2010

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